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Las enseñanzas de un poeta premiado en España que decidió educar a los niños del Valle del Elqui Entrevistas

Leyendo a Benjamín León se cae en la cuenta de que, a punta de evaluaciones y competitividad, hemos olvidado el profundo sentido ético que tiene la educación, el sentido que le daba Gabriela Mistral cuando decía que el maestro debía ser como el buen sembrador, que siembra cantando. León ha tratado de llevar adelante esa máxima en su vida. Estudió Ingeniería, una negligencia médica lo dejó postrado por años y de ahí lo rescató su familia, su propio coraje y la poesía; a través de leerla y escribirla se reconectó con el mundo y se decidió a ser profesor. Tiempo después ganó el Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez. Pudiendo vivir en España se internó en cambio en el Valle del Elqui. Hoy hace clases en el colegio Leonardo Da Vinci de Vicuña, donde para entusiasmar a sus estudiantes les recita acompañado de una banda de rock y los lleva a tomar helado y leer “La Odisea”. Su guía son los pensamientos pedagógicos de la Mistral a quien León rescata no solo como poeta sino como referente ético y humanista.


 

Por Catalina May

 

Aunque es 6 de noviembre los vientos de fin de año sacuden todo el colegio. En los patios revientan bombitas de agua y hacer clases parece el peor panorama posible. Más todavía un viernes a medio día, cuando el sol brilla con la intensidad con que lo hace en las montañas. Para captar la atención de los estudiantes del primero medio A del Colegio Leonardo Da Vinci de Vicuña, el profesor Benjamín León (41) decide hacer la clase de Lenguaje en la biblioteca. Los 45 alumnos y alumnas entran y se distribuyen en siete mesones. Algunos no usan el uniforme burdeo con gris que distingue al establecimiento, sino que visten su propia ropa. Son los premiados por su comportamiento durante la semana.

León pide silencio y los estudiantes lo escuchan. Paseándose entre las mesas les dice que hoy van a escribir un texto “con intención literaria” basado en el tema de la amistad.

-¿Ustedes se acuerdan de parejas de amigos que la literatura retrate? Hay uno que es muy conocido y que anda con un amigo. Exactamente, el Quijote de la Mancha. ¿Quién era su amigo? Bien, Sancho Panza. ¿Y cómo era su amistad? Claro, se acompañaban en sus aventuras. ¿Qué otros amigos conocen?

-Papelucho y el marciano.

-Bien. ¿Y conocen a “Los tres mosqueteros”? Alejandro Dumas nos habla de estos cuatro amigos y sus luchas por la libertad y el honor.

-El Principito y el zorro.

-¡Bien! El zorro le dice al Principito que tiene que domesticarlo. Eso significa que la amistad hay que cultivarla y hacerla crecer. Hay un poeta colombiano del cual ya les he hablado, se llama Raúl Gómez Jattin. Su vida es muy interesante. Fue un poeta mendigo, andaba por las calles. Dicen que murió atropellado por un bus. Él escribió un poema que me gusta mucho y que quiero compartir con ustedes, porque habla sobre la amistad. Escúchenlo con atención por favor, ya saben que cuando leo un poema no puede volar una mosca:

Si las nubes no anticipan en sus formas la historia de los hombres

Si los colores del río no figuran en los designios del Dios de las aguas

Si no remiendas con tus manos de astromelias las comisuras de mi alma

Si mis amigos no son una legión de ángeles clandestinos

Qué será de mí.

******

Cuando nació, Benjamín León se llamó Mario Contreras. Creció en La Serena en plena dictadura y haciéndole el quite a la calle pasó su niñez metido en la bodega de la casa de su abuela, donde había una biblioteca. Sus primeras lecturas fueron Violeta Parra y Gabriela Mistral. Sus padres y abuelos eran de Vicuña y Mario los escuchaba hablar de esta poeta, que antes de ganar el Premio Nobel fue una profesora local. Su abuela la había conocido y la tenía como un modelo. Siempre contaba la historia de esa vez cuando su tío bailó en un acto en una de sus visitas.

 

“Los conocimientos hoy día son más accesibles… pienso que lo importante es generar la curiosidad intelectual, el deseo de poder adquirir esos conocimientos”.

 

A mediados de los 80 -durante la municipalización de la educación que llevó a cabo Pinochet y la crisis económica que se arrastraba desde el 82- el papá de Mario, que era profesor de Matemáticas, se quedó sin trabajo. Y la familia partió a Santiago. Su padre pasó de hacer clases en la universidad a descargar camiones con piedras. Los libros desaparecieron y Mario terminó estudiando, según sus propias palabras, en los peores colegios de La Granja y La Pintana.

A pesar de que provenía de una familia de profesores, cuando entró a la universidad eligió estudiar Ingeniería: “Había visto la experiencia de mi padre, profesor mal pagado, aburrido y cansado de trabajo extra, y de no poder tomar decisiones porque hay un sistema que te oprime. Entonces yo no quería eso”.

El primer puesto que encontró como ingeniero lo obligó a despedir a un montón de gente. Se deprimió. Después de un tiempo decidió ir a un psiquiatra. Pero una negligencia médica lo dejó tres años en cama, inmovilizado. Fue una etapa negra sobre la cual no le gusta hablar. Su relato al respecto es tan opaco como esos días. Solo retoma el brillo cuando habla de lo que en definitiva lo salvó de esa crisis y lo convirtió en la persona que es hoy. Porque lo que más hizo Mario durante ese tiempo fue leer poesía.

-Empecé con los clásicos, me leí todo el siglo de oro español, fui a San Juan de la Cruz, después me pasé a la generación del 27, leí toda la poesía española que pude, aprendí mucho. Paseé por los románticos ingleses, por los románticos alemanes, por los postrománticos alemanes también, por la poesía rusa. Leí muchísimo, leí mucha poesía.

Además de leer, empezó a escribir. Dice que durante ese tiempo su enfermedad lo convirtió en el hijo del que todos deben estar pendientes, el Benjamín de la familia, y que resistió con la fuerza de un león. Nació así su seudónimo. Cuando se recuperó, Benjamín León estudió Pedagogía en Castellano y Filosofía en la Universidad de La Serena. Pero lo que realmente lo motivaba era la escritura. Y sucedió que el ensayista y crítico literario español Andrés Amorós lo leyó y lo ayudó con algunos contactos en España.

Lo primero que León hizo allá fue participar en un congreso en Málaga. Era el año 2007. Desde entonces estuvo yendo y viniendo, hasta que en 2011 se instaló definitivamente. “Yo recordaba aquel hielo gigante que llevaron a la Expo Sevilla (en 1992) y soñé, frente a ese televisor Kioto de 14 pulgadas que mi padre había comprado en innumerables cuotas, con ir a Sevilla. Y por alguna cosa del azar viví allá”.

Y por esas cosas del azar también, llegó a instalarse en una casa que quedaba en una calle que se llamaba, entre todas las posibilidades, Gabriela Mistral. Con todo a su favor, en España el poeta Benjamín León se desató.

-Mi vida era muy bohemia, tenía muchos amigos poetas y todos los días había alguna actividad literaria que terminaba con profundas conversaciones, con tragos, disfrutando mucho la noche con los amigos y los compañeros. Quise recorrer la biografía literaria de los poetas españoles. Lo que yo había leído y lo que había admirado quería presenciarlo. Quería conocer los campos de Castilla de Machado, quería estar en la casa de mi admiradísimo Juan Ramón Jiménez, quería recorrer ese pueblo andaluz donde él había estado, los pueblos de Granada donde Federico García Lorca había vivido y escrito, quería estar en Orihuela, el pueblo que sostuvo toda la valentía de Miguel Hernández. Y eso hice.

Además de pasear y de irse de copas, allá León publicó cuatro libros, creó una editorial, participó de infinitas charlas, coloquios y lecturas. Dice que se las arregló para vivir de la poesía. Lo ayudaron algunos premios que ganó.

En 2009 obtuvo el primer lugar en el Concurso Literario Juegos Florales de Vicuña, igual que Gabriela Mistral en 1914. Ese año también ganó el concurso Flor de Jara, en España, con su libro “La luz de los metales”. Pero el concurso más importante lo ganó en 2013 con “Canciones para animales ciegos”. Fue el Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez, que conmemora al autor de “Platero y yo”, ganador de un Nobel. León lo cuenta así:

-La década pasada, cuando yo todavía no iba a Europa, debe haber sido el año 2005, me llegó a la casa un correo en papel indicándome las bases del premio, desde España. Y yo me asombré mucho porque dije ‘cómo saben ellos que existo yo, que vivo en esta callecita en Coquimbo mirando al mar’. Entonces lo que hicieron fue mostrarme la manzana, la tentación, y yo no pude evitar las ganas de comérmela. Postulé varias veces, unas cinco o seis. La noche anterior a recibir el llamado del premio hubo una mesa iberoamericana en Sevilla en un lugar maravilloso que se llama La imprenta cultural, donde el dueño nos recibía siempre con whisky. Y había venido un poeta mexicano solo por esa noche, por cierto para conocerme, porque nos ubicábamos virtualmente. Leímos y nos quedamos toda la noche conversando y probando toda la calidad de vinos españoles. Él iba a tomar el tren rápido Ave a la diez de la mañana. Y cuando lo voy a dejar al terminal en condiciones muy felices y alegres, recibo el llamado telefónico. Me llamó el presidente de la diputación de Cáceres. Estaban todos los políticos, todos los periodistas. Y yo pensaba para mis adentros, ‘yo estoy ilegal’. Y me reía. Yo era un poeta ilegal en España en ese tiempo. Y recibí el premio estando ilegal ante todas las autoridades.

Esto dijo León en la premiación, un soleado sábado de junio de 2013, en el patio de la que fue la casa de Juan Ramón Jiménez en Moguer, Andalucía:

-He cruzado el mar gracias a la poesía…Vengo de un pequeño valle de gente muy humilde, de una familia humilde que ha extendido sus raíces a fuerza de trabajo y perseverancia. Vengo de una edad que supo lo que es la ignorancia y el horror y por ello comprendió el valor ilimitado de la palabra poética.

***

León cumplió 40 años en el avión que lo trajo a Chile. Después de recibir en España el premio que tanto había buscado decidió que era el momento de volver.

-Yo había tenido varias oportunidades; primero que todo estudiar la carrera de Pedagogía en Castellano y Filosofía, después de hacer mi propia obra, de recorrer muchos lugares desde mi visión literaria, pero no había tenido la posibilidad de ejercer el oficio paralelo que llamaba Gabriela Mistral, que es la pedagogía. Entonces era para mí un deber moral cumplir esta función pedagógica. Me encomendé a mis poetas muertos y dije ‘voy a hacer clases en Vicuña’. Me bajé del avión, miré mi correo y había una propuesta de trabajo para Vicuña sin haber mandado ningún currículum.

 

“Vengo de una edad que supo lo que es la ignorancia y el horror y por ello comprendió el valor ilimitado de la palabra poética”.

Llegó al colegio particular subvencionado (que desde el otro año será gratis) Leonardo Da Vinci, que tiene más de mil estudiantes, con un índice de vulnerabilidad superior al 80%. Ahí le hace clases de Lenguaje y Filosofía a nueve cursos de 45 estudiantes cada uno. “Lo primero que vi fue una gran orfandad de bagaje cultural. Luego una escasísima capacidad de reflexión, que yo considero vital para cualquier aprendizaje. Fue difícil. Pero de a poco ha ido mejorando y creo que hemos llegado a algunos acuerdos. Hemos hecho ciertos tratos y veo ciertos progresos”.

¿Cómo has enfrentado este desafío pedagógico?

Yo creo que los conocimientos hoy día son más accesibles, que están disponibles para todos. Por lo tanto pienso que lo importante es generar la curiosidad intelectual, el deseo de poder adquirir esos conocimientos.

¿Nos puedes dar un ejemplo de cómo hacerlo?

Hicimos una lectura de “La odisea”, pero no podíamos leerla a las cuatro de la tarde en una sala de clases con el sol pagándonos de frente y cuando estábamos todos aburridos a esa hora. Entonces salíamos, íbamos a la Casa de la Cultura, poníamos las sillas en el bulevar, tomábamos un helado. Y salía un alumno y leía dramatizando, entonces era mucho más entretenido. Y tratábamos de tener conversaciones después de cada lectura. Eso permitió que los niños lo vieran como un libro mucho más cercano. Y hoy Ulises es alguien que ellos utilizan como tópico en sus conversaciones, incluso.

¿Algún otro método?

Con el tema de la jornada completa, que no ha cumplido para nada su propósito, la semana se hace muy pesada. Entonces trato de ocupar diferentes sistemas; los mismos alumnos me han dado algunas sugerencias. Siempre les pregunto qué piensan, cómo podemos estructurar las clases para que sea más entretenido para ellos sin dejar yo de pasar los contenidos. Entonces el día lunes, por ejemplo, tratamos de pasar toda la materia de la semana de una forma comprimida. Los siguientes días son uno de lectura participativa y otro de creación literaria. Creación, mucha creación. Mis alumnos escriben mucho y escriben bien. Entonces tenemos ahora la meta de publicar un libro con sus textos.

***

Después de leer el poema de Gómez Jattin, León le da a los y las estudiantes media hora para escribir sus textos sobre la amistad. La gran mayoría se concentra. En una mesa, unas trillizas “muy buenas lectoras” trabajan calladas y una de ellas leerá más tarde un cuento que transcurre en una biblioteca de Boston. En otra mesa, una alumna escucha reggaetón con audífonos desde su celular y hasta baila. León no le dice nada. Una de sus compañeras escribe un cuento en el que dos amigas se enamoran, se emparejan, tienen hijos y cuando una muere la otra se suicida. Un chico escribe sobre unos amigos que se enamoran de la misma mujer pero finalmente optan por su amistad.

-Ya Katherine, compártanos su trabajo por favor, póngase de pie, silencio por favor.

-Había una vez dos amigos, Manuel y Estefanía. Ellos se conocían desde pequeños, siempre jugaban juntos porque eran vecinos y sus padres eran muy buenos amigos. Les gustaba jugar fútbol en la cancha de su pasaje. Estefanía no se separaba de Manuel, iban para todos lados juntos. Un día Manuel le dio la noticia a Estefanía de que se mudaría a otra ciudad. Estefanía no lo podía creer, lo abraza muy fuerte y le da un beso. Manuel le dice que no se preocupe, que se volverían a ver. Después de cinco años Manuel fue a visitar a Estefanía y esta vez iba a quedarse a vivir en su antigua casa. Manuel estaba cambiado y Estefanía también. Después de una semana Manuel le dijo a Estefanía que le gustaba y le pidió pololeo. Todo era muy lindo, besos, abrazos y sonrisas. Llevaban dos semanas y a Manuel lo llaman de un equipo de futbol. Que quedó seleccionado y tiene que mudarse a Santiago. Entonces llegó el gran día y fueron al aeropuerto. Viajaron en un avión muy grande y con todos los gastos pagados. Manuel después de unos años era profesional y jugaba en las grandes ligas. Ya con 23 años llevaba anotados 17 goles en todos sus partidos, todos dedicados a Estefanía y al hermoso bebé que esperaban. Fin.

***

El 20 abril, en un acto de lo que el colegio llamó “Semana internacional de la luz y el libro”, León leyó algunos de sus poemas. Lo acompañaba de fondo una banda de rock formada por otros profesores del colegio y hasta por un alumno en una de las guitarras. El escenario estaba rodeado por velas y a un lado, una bailarina de danza contemporánea improvisaba al ritmo de la música. El patio estaba repleto.

Amor que el tiempo hirió bajo mi nombre,

no fueras tú mi sombra ni mi rastro,

ni el débil tambalear de los maíces, ni el crudo regresar de la marea.

Deja que el día escoja sus vasijas,

vuelve a la tibia luz de los metales.

El público aplaudió como si fueran los Rolling Stones. “Yo quería probar nuevas cosas, porque el poema se torna solo un documento, algo que se llena de polvo y que se seca en las bibliotecas para la gente que no tiene interés. Entonces pensé que a lo mejor el rock podía ser una forma de acercarlo”.

Y claramente los estudiantes, que le dicen “el poeta”, valoran este tipo de iniciativas. Esto dice Natalia, de primero medio, que además asiste al taller literario de León en el colegio:

-Son las clases que más me gustan porque el profe tiene una forma diferente de enseñar que los otros profes. Él no es tan rígido, nos hace clases al aire libre, nos lleva a la biblioteca, nos muestra obras de teatro, entonces son como clases diferentes y más entretenidas. Aparte él como que nos entrega más cultura y gracias a él ahora han venido varios escritores a visitarnos, entonces con eso hemos aprendido mucho más.

Y su compañero Miguel:

-Sus clases son entretenidas, muy distintas a las demás. Uno se siente cómodo estando con él ahí. Nos cuenta su historia, nosotros contamos la de nosotros y no es como un profesor, es como un amigo.

Y Diego, del cuarto medio humanista:

-En la clase de literatura nos cita a distintos autores y nos hace expresar con palabras lo que llevamos por dentro. Las clases anteriores eran muy teóricas, sin aplicación real de los contenidos. En cambio ahora podemos poner la teoría en práctica llevándola a distintos géneros literarios: poesía, cuentos, novelas, incluso ensayos argumentativos. A mí me fascina la poesía. Leo y escribo. Últimamente he estado escribiendo más por el tema de salir de cuarto medio, uno se encuentra en una especie de reconocimiento personal y tiene que sacar lo que lleva dentro. ¿Esto lo van a publicar en alguna parte? ¡Nítido!

Y Carolina Montalván, la jefa de la unidad técnica del colegio:

-Él llegó a asumir un reemplazo. Se supone que debería haber finalizado pero obviamente con todo lo que le ha entregado a los niños se quedó. Es bien especial Mario, yo creo que conquista a los alumnos a través de las palabras y de lo que logra transmitir de su experiencia. Han hecho un trabajo como departamento de Lenguaje donde han venido escritores, han participado en sala con los alumnos y han hecho lecturas públicas. Y se logra una atmósfera bien especial, donde hay un silencio y una escucha atenta. Yo leí una entrevista en que la que Mario citaba a Jorge Teillier y decía que la poesía es un pan fresco para compartir. Yo creo que él ha hecho eso en el colegio: ligar lo curricular con su experiencia y la poesía.

***

Sentado a la sombra de un pimiento y esquivando las bombitas de agua, León mira a sus estudiantes comer los helados artesanales de mora crema que alguien entró a vender al colegio.

-Hola profe poetizo –lo saluda un alumno de cuarto medio.

León se ríe y le pasa una moneda de $500 a una chica que no tiene plata para el helado.

En el mismo patio estuvo el 20 de agosto el escritor y ex vicepresidente de Nicaragua, Sergio Ramírez Mercado. Los alumnos tenían libertad para ir a escuchar su lectura. León calcula que de los mil estudiantes del colegio, unos 400 aparecieron. Llenaron el patio y los pasillos de los pisos superiores que lo rodean.

-Sí, de forma optativa ellos han querido salir a escuchar a estos escritores. La ultima visita que tuvimos fue Natalia Figueroa -académica de la Universidad de La Serena y ganadora de la categoría de poesía de los Premios Literarios 2015 de la Comisión Nacional de la Cultura y las Artes, CNCA- que les leyó unos poemas en griego. Entonces para los niños eso es sorprendente. Estuvo también Álvaro Ruíz con nosotros, que es un poeta que era muy amigo de Jorge Teillier y yo leo mucho a Teillier en la sala de clases, entonces saber que ese poeta había sido amigo de este otro poeta y que contara sus experiencias con él, para los niños fue excelente.

Invitar a los escritores es una forma de humanizarlos.

Exactamente, ellos no los ven como algo de la biblioteca, sino como algo cercano, entonces toman los libros de otra manera. Por ejemplo hoy día leímos un libro en que estaba Teresa Calderón. Yo les decía que la conozco, que es una poeta nacida en La Serena que está en Santiago, y les conté su vida. Y los niños ven el libro de otra manera y ven que ellos también pueden ser escritores o personas cercanas a la literatura.

¿Qué importancia le das al proceso de aprendizaje, en oposición a la obsesión que existe en nuestro país con los resultados?

Dice Gabriela Mistral en uno de sus pensamientos pedagógicos que un buen sembrador siembra cantando. Yo creo que el profesor debe estar feliz frente a los alumnos y que así la buena semilla fructifica. Creo que el proceso pedagógico mientras esté sometido a algo tan cruel como las notas del 1 al 7 siempre va a ser muy cuestionable. Yo a mis alumnos les he quitado esa presión. Casi ni les hablo de la nota. Está porque es un elemento que se necesita y yo trato de que tengan buenas notas, porque eso lamentablemente a ellos les va a significar su futuro. Pero trato de que no condicione su aprendizaje. De hecho hacemos trabajos y hemos llegado al punto de que ya no me preguntan qué nota tuvieron. No les interesa porque saben que yo les voy a poner una buena nota y ellos están consientes de hacer un trabajo lo mejor posible y en su gran mayoría creo que lo hemos logrado.

¿Qué es para ti lo esencial del enfoque pedagógico de Gabriela Mistral?

Yo creo que Gabriela Mistral es un referente ético y humanista por sobre todas las cosas. Creo que eso es de lo que carece la sociedad en este tiempo. Mis alumnos tienen como referentes a figuras del fútbol, del perreo, de la farándula. Lo que yo trato de hacer es convertirla en un referente. En mi caso personal, yo he seguido su ejemplo en relación al proceso de superación, al cómo salir desde la ruralidad al mundo y a un lugar destacado. Y en mi trabajo en el colegio, con la preocupación humanista por los desposeídos, porque aquí algunos alumnos tienen lo justo y lo necesario. Preocupándome también por la situación agraria como lo hacía ella, porque muchos estudiantes aquí pasan del colegio a trabajar en las viñas. También incluyendo los temas de género en la sala de clases, más hoy en día cuando aún sigue pesando y doliendo en nuestra sociedad el rechazo a las personas que tienen una orientación homosexual, por ejemplo.

La Mistral proponía a los profesores ser prácticamente apóstoles de la educación. Enseñar en todo momento y en todo lugar con el ejemplo.

Tiene que ser así. Yo creo que todas esas cosas siguen vigentes. Hay que amar a los alumnos profundamente, uno forma parte de sus vidas y ellos forman parte de la vida de uno. Entender sus gestos, saber las cosas que a ellos les duelen como niños, consolarlos por ser parte de este sistema, contenerlos muchas veces. También hay que disciplinarlos y decirles sus cosas. Uno se transforma en un padre hasta cierto punto.

¿Cómo ves actualmente la valoración de las propuestas pedagógicas de Gabriela Mistral en nuestro país?

Yo creo que Chile se ha dedicado a navegar por la biografía de Gabriela Mistral, pero ha olvidado analizar su pensamiento. Su parte intelectual es la más importante y la más descuidada por nuestra sociedad. Tenemos que leerla, los planes pedagógicos deben tomarla en cuenta. Lo dice en su prosa “Por la humanidad futura”: que las personas que son un referente para la sociedad, en el futuro iban a ser, dice ella, los científicos, los eruditos, no los hombres de guerra que llenan nuestras calles con sus nombres. Tenemos que poner a la gente que propende hacia una sociedad más civilizada, más científica, más justa, más pacífica, más erudita, más humanista. Creo que eso es lo que buscaba Gabriela Mistral. Y pienso que los jóvenes hoy día lo van entendiendo. Porque la sociedad está cansada de la chatarra, de la basura. Y sin duda el pensamiento mistraliano mas importante, que tiene que ver con el amor, va a estar más presente en una sociedad un poco más civilizada.

¿Qué te parece como se está llevando a cabo el proceso de reforma de la educación?

Yo lo veo pésimo, creo que el gobierno lo ha hecho muy mal. Que no tenga a los verdaderos actores, que son los profesores y los estudiantes, en la toma de decisiones me parece fatal. Creo que se está actuando súper arbitrariamente. Pienso que la reforma promueve la competitividad, no ayuda al sistema pedagógico, son DEformas. Yo no educo igual a un niño del Valle de Elqui que a uno de Santiago. Entonces creo que tiene que haber representantes de todos los contextos para poder tomar decisiones pedagógicas. Hay que evaluar los planes de estudio. Hay que dar más tiempo para las áreas humanistas. Creo que la Filosofía carece de tiempo. Debe reevaluarse lo que se hizo con la jornada completa, porque ha perdido el sentido. Y no se puede premiar al profesor haciendo una competencia, pensando que uno es mejor que otro y con eso que gane más o gane menos, porque todos tenemos distintas habilidades. Estoy en contra de este proyecto de carrera docente, me parece muy negativo.

******

Con lentes de sol redondos, una tenida en tonos grises y azul marino y la chaqueta llevada casualmente sobre un hombro, León se pasea por las calles pueblerinas de Vicuña con la seguridad del que no tiene nada que demostrar. Dice que no le interesa la escena literaria santiaguina y critica la última edición de la Feria del Libro, que aunque estuvo dedicada a los 70 años del Nobel de Gabriela Mistral, no tuvo a ningún expositor proveniente de sus tierras. No lo dice, pero podría haber sido él. En estos años se ha convertido en un experto en su obra y ha representado a Chile en ferias internacionales hablando sobre ella. En los últimos meses, por ejemplo, en la de Lima y en la de Quito. Además, ha sido el director de las Jornadas Internacionales de Estudios Mistralianos, un proyecto respaldado por el CNCA.

En el proceso de convertirse en profesor, Mario Contreras volvió a vivir a la casa de sus padres en La Serena. Dice que no ha tenido un minuto para extrañar la vida bohemia de Benjamín León en España. Por el momento no ha publicado ningún libro en Chile. Pero dice que todas las mañanas se levanta a las cinco y escribe hasta las seis, apoyando un cuaderno en una tablita sobre sus piernas, como se supone que lo hacía la Mistral. Y, muy en su estilo, asegura que cada día, cuando pasa el túnel que separa La Serena de Vicuña, deja atrás la bruma costera y ve el sol de la montaña, repite este verso de Borges: “Gracias quiero dar por la mañana que nos depara la ilusión de un principio”.

 

Aquí se pueden leer los poemas de Benjamín León: http://nostalgiasyarraigos.blogspot.cl/

 

 

RECUADRO

Pensamientos pedagógicos de Gabriela Mistral (1923)

“El buen sembrador siembra cantando”

Para las que enseñamos:

1.Todo para la escuela; muy poco para nosotras mismas.

2. Enseñar siempre: en el patio y en la calle como en la sala de clase. Enseñar con la actitud, el gesto y la palabra.

3. Vivir las teorías hermosas. Vivir la bondad, la actividad y la honradez profesional.

4. Amenizar la enseñanza con la hermosa palabra, con la anécdota oportuna, y la relación de cada conocimiento con la vida.

5. Hacer innecesaria la vigilancia de la jefe. En aquella a quien no se vigila, se confía.

6 Hacerse necesaria, volverse indispensable: esa es la manera de conseguir la estabilidad en un empleo.

7. Empecemos, las que enseñemos, por no acudir a los medios espurios para ascender. La carta de recomendación, oficial o no oficial, casi siempre es la muleta para el que no camina bien.

8. Si no realizamos la igualdad y la cultura dentro de la escuela, ¿dónde podrán exigirse estas cosas?

9. La maestra que no lee tiene que ser mala maestra: ha rebajado su profesión al mecanismo de oficio, al no renovarse espiritualmente.

10. Cada repetición de la orden de un jefe, por bondadosa que sea, es la amonestación y la constancia de una falta.

11. Más puede enseñar un analfabeto que un ser sin honradez, sin equidad.

12. Hay que merecer el empleo cada día. No bastan los aciertos ni la actividad casionales.

13. Todos los vicios y la mezquindad de un pueblo son vicios de sus maestros.

14. No hay más aristocracia, dentro de un personal, que la aristocracia de la cultura, o sea de los capaces.

15. Para corregir no hay que temer. El peor maestro es el maestro con miedo.

16. Todo puede decirse; pero hay que dar con la forma. La más acre reprimenda puede hacerse sin deprimir ni envenenar un alma.

17. La enseñanza de los niños es tal vez la forma más alta de buscar a Dios; pero es también la más terrible en el sentido de tremenda responsabilidad.

18. Lo grotesco proporciona una alegría innoble. Hay que evitarlo en los niños.

19. Hay que eliminar de las fiestas escolares todo lo chabacano.

20. Es una vergüenza que hayan penetrado en la escuela el couplet 1 y la danza grotesca.

21. La nobleza de la enseñanza comienza en la clase atenta y comprende el canto exaltador en sentido espiritual, la danza antigua -gracia y decoro-, la charla sin crueldad y el traje simple y correcto.

22 Tan peligroso es que la maestra superficial charle con la alumna, como es hermoso que esté a su lado siempre la maestra que tiene algo que enseñar fuera de clase.

23. Las parábolas de Jesús son el eterno modelo de enseñanza: usar la imagen, ser sencilla y dar bajo apariencia simple el pensamiento más hondo.

24. Es un vacío intolerable el de la instrucción que antes de dar conocimientos, no enseña métodos para estudiar.

25. Como todo no es posible retenerlo, hay que hacer que la alumna seleccione y sepa distinguir entre la médula de un trozo y el detalle útil pero no indispensable.

26. Como los niños no son mercancías, es vergonzoso regatear el tiempo en la escuela. Nos mandan instruir por horas, y educar siempre. Luego, pertenecemos a la escuela en todo momento que ella nos necesite.

27. El amor a las niñas enseña más caminos a la que enseña que la pedagogía.

28. Estudiamos sin amor y aplicamos sin amor las máximas y aforismos de Pestalozzi y Froebel, esas almas tan tiernas, y por eso no alcanzamos lo que alcanzaron ellos.

29. No es nocivo comentar la vida con las alumnas, cuando el comentario critica sin emponzoñar, alaba sin pasión y tiene intención edificadora.

30. La vanidad es el peor vicio de una maestra, porque la que se cree perfecta se ha cerrado, en verdad todos los caminos hacia la perfección.

31. Nada es más difícil que medir en una clase hasta dónde llegan la amenidad y la alegría y dónde comienza la charlatanería y el desorden.

32. En el progreso o el desprestigio de un colegio todos tenemos parte.

33. ¿Cuántas almas ha envenenado o ha dejado confusas o empequeñecidas para siempre una maestra durante su vida?

34. Los dedos del modelador deben ser a la vez firmes, suaves y amorosos.

35. Todo esfuerzo que no es sostenido se pierde.

36. La maestra que no respeta su mismo horario y lo altera sólo para su comodidad personal, enseña con eso el desorden y la falta de seriedad.

37. La escuela no puede tolerar las modas sin decencia.

38. El deber más elemental de la mujer que enseña es el decoro en su vestido. Tan vergonzosa como la falta de aseo es la falta de seriedad en su exterior.

39. No hay sobre el mundo nada tan bello como la conquista de almas.

40. Existen dulzuras que no son sino debilidades.

41. El buen sembrador siembra cantando.

42. Toda lección es susceptible de belleza.

43. Es preciso no considerar la escuela como casa de una, sino de todas.

44. Hay derecho a la crítica, pero después de haber hecho con éxito lo que se critica.

45. Todo mérito se salva. La humanidad no está hecha de ciegos y ninguna injusticia persiste.

46. Nada más triste que el que la alumna compruebe que su clase equivale a su texto.

Los Pensamientos pedagógicos de Gabriela Mistral fueron originalmente publicados en la Revista de Educación, Año II, Nº 1. Santiago, en marzo de 1923. Y recuperados en el libro Magisterio y Niño de Roque Scarpa, que está disponible en Memoria Chilena.


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